20/8/22
Montaña.
"La montaña explora hasta muy profundo, ya no sólo en nuestros subconscientes de individuo y pueblo, sino también en nuestros saberes, artesanías y quereres. Nos cuestiona y nos intriga, desde una posición matriarcal, en cualquier punto de esta canica que destiñe azul. Incluso muchas veces nos ejecuta, sin esperar siquiera la parte del león, el sacrificio que le teníamos apartado. Bendecida sin rito propio, tantas veces mancillada en falsa apariencia e indiferencia. Gigante con pies de plomo y diminutas pulgas de hueso y barro asidas a su piel, espera, suspira y tiembla...aguarda. Montaña: La."
26/2/22
De Locuras, utopías y metaversos.
Brillante, orgulloso, casi titánico en su desafío ("ni siquiera Dios -no el titubeante de la actualidad, por supuesto, sino ni siquiera el poderoso de otros tiempos encantados- podría hundirlo"), el metaverso golpea, knock knock knock, a las puertas de nuestras mentes. Con qué errónea e infantilizada hermeneútica podemos estar interpretando esos golpes: knock KnOck KNOCK... Golpes y utopía (orgullosa y en minúsculas) ligadas por cadenas de silicio y dorado hierro. La Utopía de Tomás M. (imposible y en mayúsculas) comienza a parecerse a la simple tranquilidad, al silencio, al reposo, a la luminosa oscuridad que percibimos al cerrar los ojos en un día de playa: a la paz. Ya sabíamos que Utopía no está en los mapas ni en los relojes de arena (y, a día de hoy, mucho menos en los de agua, que ya casi ni existe -en singular-). Así pues, Utopía estaría más allá de toda intuición kantiana.
También esta Locura presente se alimenta de falsas y vetustas utopías, vomitando golpes y más golpes. Esta Locura no entiende de geografía, ni de historia, ni mucho menos de humanidades. No hay Locura de izquierdas o de derechas, toda ella es una: monista en toda su crudeza, y no tendríamos que buscarle ni matices ni aristas. Pudimos, todos nosotros, haber pecado de cierta locura (tímida y en minúsculas, lejana de aquella otra), al confiar en que nos íbamos acercando a algo mejor, o al menos que nos alejábamos de algo peor. El metaverso, brillos y más brillos que mientras sonreímos la mente nos golpean, KNOCK KNOCK KNOCK, parecía confirmárnoslo. ¿Dónde está el -otro- espejismo? En el hecho de que es imposible apuntalar tal confianza en lo que respira una vida: carecemos de tiempo para una buena perspectiva. Y ahí es donde se cocina el engaño, para beneficio de unos pocos.
En las altas esferas la Locura vuelve a amordazar y atar a David H., y el planeta corre el riesgo de volver a caer en alguna de las posibles y variadas pesadillas dogmáticas. No será el metaverso quién nos despierte de ninguna de ellas, y mucho menos a golpes de falsa purpurina impactando con presunta delicadeza sobre sangre real.
18/1/22
SITEVI 2021: el escaparate absoluto
Durante la semana anterior al evento estuve recibiendo, por parte de la empresa encargada del mismo, un sinfín de llamadas cargadas de ayuda y sugerencias para sacarle el máximo partido. Nada de correos mails, mensajes de texto o voces enlatadas al otro lado del teléfono: nada de eso. Una amable dama, un amable caballero…un ser humano de viva voz, vaya. Se palpaba que todos teníamos ganas, y muchas, de reencontrarnos para conversar, preguntar, mostrar e intercambiar ideas. La ocasión la pintaban calva entre el 30 de noviembre y el 2 de diciembre: acontecía en Montpellier el salón internacional del equipamiento y el savoir-faire para la producción vitivinícola, oleícola y de frutas y verduras, más conocido como SITEVI. Sin llegar a las cifras oficiales de afluencia de antes de la pandemia, he de decir que la falta de costumbre a la aglomeración de los últimos tiempos consiguió distorsionar mi percepción llevándola hasta un erróneo sobredimensionado. Después conocería la oficial disminución del 15% de expositores y del 12% de visitantes. No me parece exagerado, dadas las medidas de pasaporte sanitario (bien estricto en Francia) y el permanente y justificado respeto al virus. Hay que subrayar que el uso de la mascarilla y las otras medidas de protección recomendadas fue seguido por la gran mayoría de los asistentes.
Elaboradores y productores, estudiantes, industriales, investigadores, empresarios enfocados en diferentes servicios…todo tipo de agente relacionado con el sector fluía por entre los pasillos de cada hangar, desbordando definitivamente en los patios exteriores. Allí, un conjunto disperso de food trucks de diverso pelaje y condición ofrecía todo tipo de platos, bocadillos y tentempiés para recuperar energía y proseguir en la acumulación de charlas y kilómetros. Para un valenciano siempre es divertido y sorprendente observar el amplio abanico de “paellas” que se reúne en estos acontecimientos.
En este tipo de salones, en general, y en SITEVI en particular, es donde la tecnología ejerce de celestina y, mediante expositores, charlas, reuniones, talleres y citas, logra matrimoniar a la ciencia con viña y bodega, con manzanos, olivar y molinos, con copa, botella, aceitera y frutero, Aquí puede percibirse el auténtico Zeitgeist del sector: ese espíritu del momento en el que las necesidades pasadas se adivinan en los productos e ideas ofrecidos, mientras que para las presentes y futuras comienzan a cristalizar soluciones varias. El salón en algunos momentos puede parecer un zoco, pero no todo es pretensión de venta: también es un ágora donde la palabra se impone y hace manar el diálogo. Las demostraciones de materiales varios generan desde el corro que las rodea una multitud de miradas y comentarios, donde muchas veces es difícil poder distinguir la opinión del conocimiento.
Desde mi perspectiva, destacaría la cantidad de propuestas que añaden el descriptivo de precisión al término viticultura. El control y gestión de los procesos como fermentaciones o maceraciones también se ha informatizado de manera exponencial, con multitud de ofertas inteligentes que permiten un seguimiento a distancia. La óptica, la robotización y lo satelital está a la orden del día. Se focaliza también en la imprescindible seguridad de todo procedimiento, así como en la reducción de tiempos de proceso, lavado y limpieza. El sistema de desmontado rápido de los drenajes en las prensas de Bucher Vaslin o la opción Livio Rapid de Vignetinox en viñedo pueden ser un ejemplo de ello. Aunque creo que todavía con timidez, lo ecológico comienza a asomar. Buena prueba podría ser la tecnología de desherbado eléctrico de New Holland o la gama de corchos Nomacorc Blue Line a partir de plástico reciclado que Vinventions presenta. Constato mucha ánfora en arcilla o gres, lo que refleja la tendencia actual del momento. Si quieren una prueba de ella, echen un ojo en su vinoteca favorita y hablen con la persona encargada. Eso sí, la madera, en forma de barrica, depósito o diminutos chips, nunca se marchó, ocupando grandes y vistosos espacios del salón. Ya hace un tiempo que llegaron para quedarse los depósitos con forma ovalada en diversos materiales, como los de Oef de Beaune, lo que no impide nuevas antiguas propuestas, como la de Famille Paetzold y su Wineglobe: una especie de damajuana revisitada y mejorada.
En cuanto a las conferencias y talleres ofrecidos, todas fueron de gran calidad. Yo me centré esta vez en estos últimos, tanto en aquellos sobre el sector vitivinícola como en el oleícola. A destacar, entre los enológicos, las degustaciones que pude disfrutar sobre la búsqueda de una nueva variedad tinta (Gaminot) o la interesante charla y posterior cata sobre vinos elaborados sin sulfitos. La exposición titulada “Tour de Francia de los Crémants” nos hizo redescubrir este tipo de espumosos. Asimismo, me produjo un inmenso gozo encontrar y catar, en la charla sobre variedades adaptadas al cambio climático, un vino de nuestra querida Verdejo, acompañando otros vinos a partir de las uvas griegas Assyrtiko y Agiorgítiko o la siciliana Nero d’Avola. Pudimos comprobar las tendencias actuales en el mercado internacional de los vinos rosados, degustando varios elaborados con distintas variedades y que procedían de tan diferentes lugares como Cigales, la Provenza francesa, Australia, Italia o incluso Bulgaria. Del taller sobre vinos desalcoholizados remarcaría la interesante charla, mientras que la cata me hizo ver que todavía queda mucho trabajo por hacer en este campo. En lo concerniente a los coloquios sobre aceites de oliva, me quedo con el que nos presentó, de manera teórica y práctica, las diferencias entre los aceites elaborados con olivas maduras y aquellos producidas con olivas maduradas: créanme si les digo que fue un placer para los sentidos.
La guinda a este SITEVI 2021, en el plano personal, la puso el sorpresivo y alegre encuentro con nuestro querido Diego Fernández Pons, de quien sobra cualquier tipo de presentación. Su penúltima y genial inquietud toma el nombre de Wine Luthier. No les desvelo nada: si no han oído hablar sobre este proyecto ya hecho realidad, les sugiero que busquen información acerca del mismo. A mí me parece un estupendo y sólido argumento para seguir invirtiendo en investigación y desarrollo. Ya me contarán qué les parece.
18/5/21
Serbal Malbec 2019, Bodega Atamisque, Tupungato-Valle de Uco, Mendoza, Argentina.
De atractivo rubí intenso, regala aromas de fruta negra, especiado y un toque mentolado. En boca presenta una correcta acidez y toques un tanino discreto, con notas de fruta roja, de pimienta y un agradable punto herbáceo. Puede acompañar bien unas croquetas de morcilla o unas lentejas con chorizo y jamón.
#wine#vino #vin #vi #vinho #wein #malbec#happywine #wineoclock #winegeek #winelovers #taste #tastingwine #cata #catadevinos #degustation #pairing #accordsmetsvins #maridaje @bodegaatamisque @tupungatowinelands
14/5/20
Tanto que aprender de Spielberg.
Casi podría recitar cada texto de Robert Shaw, Roy Schreider o Richard Dreyfuss en una de mis, como para tantos otros, películas favoritas. Todas las escenas me provocan una reacción, sin necesidad de que el animalito asome la aleta: risa, ternura, tensión, indignación, solidaridad...Tampoco voy a descubrir aquí la pólvora: ya está casi todo dicho de la película en sí misma. Así que no hay mucho más que añadir sobre la genialidad de "Jaws", traducida como "Tiburón" en España para los despistados que, dado el tiempo que se toma Steven Spielberg en hacer aparecer a la criatura (bendita espera), aún dudan sobre la naturaleza de las mandíbulas en cuestión. Sí que es interesante, por otro lado, explorar la continua influencia que este clásico sigue teniendo sobre películas o series de actualidad. Reconozco todavía imitaciones de la imitación que aquel niño ejecutaba mientras miraba a su preocupado padre, hasta que las miradas se encontraban: simetrías que, en lento movimiento, iban conformando sus dedos, como en un espejo, con tan solo algunos segundos de diferencia.
Si inquietante me sigue pareciendo la sensación al adentrarme en el mar hasta no conseguir hacer pie, más me lo parece el paralelismo que me ha venido estos días a la cabeza entre esta ficción y la realidad falsamente ficticia que estamos viviendo: casi etérea desde la mayoría de los balcones, terrible y sólida desde los hospitales. Y es que no he podido dejar de acordarme del nerviosismo del alcalde Vaughan ante la perspectiva de cerrar las playas de Amity aquel verano de 1975, no vaya a ser que los turistas...como que no; del biólogo marino Hooper indicando que aquel primer tiburón tigre capturado, pese a la alegría del personal...como que tampoco; y del pobre jefe Brody sudando la gota gorda cuando calienta el sol, aquí en la playa, hasta que la bofetada de una enlutada madre lo deja congelado, así que lo de hacer como si nada...como que menos.
Y ahí que se embarcan científico, autoridad competente (la incompetente seguía en el ayuntamiento, encerrada en su despacho) y patrón del Orca a dar caza al bichito, sin muchos medios ("necesitará otro barco más grande"), sin total conocimiento del mismo, pero con un valor que se aproxima (solo se aproxima...) al de los sanitarios que, volvamos a la realidad, están dándolo todo y más desde hace semanas. No recuerdo muy bien, tendré que verla de nuevo, si las playas se acaban cerrando antes de la partida del Orca o no. Lo que sí que recuerdo es esa masa de gente chapoteando como si nada, y la sensación de que esos tres que partieron les salvaron el culo al codicioso Vaughan y las piernas a tanto inconsciente, o desinformado, bañista.
Hay quien cuenta que, a algunos de esos que antaño se fotografiaban sonrientes con el alcalde, se les ha visto muy a lo lejos, con paso ligero, silbando una célebre melodía marinera. Ya me marcho de aquí, linda dama española, adiós que me voy, oh preciosa mujer...
Si inquietante me sigue pareciendo la sensación al adentrarme en el mar hasta no conseguir hacer pie, más me lo parece el paralelismo que me ha venido estos días a la cabeza entre esta ficción y la realidad falsamente ficticia que estamos viviendo: casi etérea desde la mayoría de los balcones, terrible y sólida desde los hospitales. Y es que no he podido dejar de acordarme del nerviosismo del alcalde Vaughan ante la perspectiva de cerrar las playas de Amity aquel verano de 1975, no vaya a ser que los turistas...como que no; del biólogo marino Hooper indicando que aquel primer tiburón tigre capturado, pese a la alegría del personal...como que tampoco; y del pobre jefe Brody sudando la gota gorda cuando calienta el sol, aquí en la playa, hasta que la bofetada de una enlutada madre lo deja congelado, así que lo de hacer como si nada...como que menos.
Y ahí que se embarcan científico, autoridad competente (la incompetente seguía en el ayuntamiento, encerrada en su despacho) y patrón del Orca a dar caza al bichito, sin muchos medios ("necesitará otro barco más grande"), sin total conocimiento del mismo, pero con un valor que se aproxima (solo se aproxima...) al de los sanitarios que, volvamos a la realidad, están dándolo todo y más desde hace semanas. No recuerdo muy bien, tendré que verla de nuevo, si las playas se acaban cerrando antes de la partida del Orca o no. Lo que sí que recuerdo es esa masa de gente chapoteando como si nada, y la sensación de que esos tres que partieron les salvaron el culo al codicioso Vaughan y las piernas a tanto inconsciente, o desinformado, bañista.
Hay quien cuenta que, a algunos de esos que antaño se fotografiaban sonrientes con el alcalde, se les ha visto muy a lo lejos, con paso ligero, silbando una célebre melodía marinera. Ya me marcho de aquí, linda dama española, adiós que me voy, oh preciosa mujer...
Cubierta de la película "Jaws", por Roger Kastel.
28/4/20
Míster Robinson
Los lunes tenían un algo agridulce en mi adolescencia. Sin ser tan oscuros como las últimas horas del domingo, a mediodía me esperaba con puntualidad británica un plato de lentejas que, por aquel entonces, se eternizaban en mi plato mientras mi tímida cuchara las iba mareando de poquito a poco (quién me iba a decir a mí que años más tarde se me iluminan los ojos cada vez que vuelvo a comer el susodicho plato materno). Aquello componía el lado agrio, aunque solo sea por los chorros de vinagre con los que, bautizando la legumbre, intentaba asesinar por ahogamiento su sabor.
El lado dulce venía a la hora de la cena, con menor pero más celebrada puntualidad. Tortilla de patata y salchichas de estilo frankfurt en el plato (nutricionistas caídos en 3, 2, 1...), sillón, y el único programa que se permitía el lujo de desbancar el telediario nuestro, pero sobre todo de mi padre, de cada día. "El día después" nos iluminaba los ojos, nos permitía, en cuestión de unos cuantos minutos, visualizar las mejores jugadas del largo (y tan breve) fin de semana balompédico.
A la cita acudían Nacho Lewin, el Lobo Carrasco y Michael Robinson. El inglés, que siendo jugador seleccionaba de verde y subía calzas siempre coloradas, red o rojillas, encandilaba a grandes y mayores. Nos llevaba al viejo Atocha para enseñarnos estrategia, hasta que la tecnología mató la magia y las pantallas digitales se colaron en las nuestras. Comentaba las jugadas en su idioma, que siempre comprendimos y acabó siendo el de todo futbolero que se preciaba se serlo.Uno de los momentos cumbre, más incluso que el de aquellos goles a cámara lenta de Laudrup o Djalminha, era cuando llegaba la sección de "Coros y Danzas". Sobre todo al principio. Aquel niño que riendo flotaba mágicamente sobre aficionados béticos, gradas arriba ("que suban al niño, oooó..."), gradas abajo ("qué bajen al niño, ooooó..."), y que hoy hubiera acabado casi con toda seguridad en algo penal, era arte. Y si encima lo comentaba Robinson con su acento perpetuo, arte puro.
Hoy nos ha dejado Michael Robinson, que nos dio tantos y tan buenos momentos. Desde este lado de la pantalla, parecía muy buena gente. Y, por lo que nos cuentan quienes lo conocieron, en Anfield, en el Sadar, en la 1, en el plus, en mediaset..., lo era. You'll never walk alone.
El lado dulce venía a la hora de la cena, con menor pero más celebrada puntualidad. Tortilla de patata y salchichas de estilo frankfurt en el plato (nutricionistas caídos en 3, 2, 1...), sillón, y el único programa que se permitía el lujo de desbancar el telediario nuestro, pero sobre todo de mi padre, de cada día. "El día después" nos iluminaba los ojos, nos permitía, en cuestión de unos cuantos minutos, visualizar las mejores jugadas del largo (y tan breve) fin de semana balompédico.
A la cita acudían Nacho Lewin, el Lobo Carrasco y Michael Robinson. El inglés, que siendo jugador seleccionaba de verde y subía calzas siempre coloradas, red o rojillas, encandilaba a grandes y mayores. Nos llevaba al viejo Atocha para enseñarnos estrategia, hasta que la tecnología mató la magia y las pantallas digitales se colaron en las nuestras. Comentaba las jugadas en su idioma, que siempre comprendimos y acabó siendo el de todo futbolero que se preciaba se serlo.Uno de los momentos cumbre, más incluso que el de aquellos goles a cámara lenta de Laudrup o Djalminha, era cuando llegaba la sección de "Coros y Danzas". Sobre todo al principio. Aquel niño que riendo flotaba mágicamente sobre aficionados béticos, gradas arriba ("que suban al niño, oooó..."), gradas abajo ("qué bajen al niño, ooooó..."), y que hoy hubiera acabado casi con toda seguridad en algo penal, era arte. Y si encima lo comentaba Robinson con su acento perpetuo, arte puro.
Hoy nos ha dejado Michael Robinson, que nos dio tantos y tan buenos momentos. Desde este lado de la pantalla, parecía muy buena gente. Y, por lo que nos cuentan quienes lo conocieron, en Anfield, en el Sadar, en la 1, en el plus, en mediaset..., lo era. You'll never walk alone.
Foto aparecida en El País (edición digital), el 28 de Abril de 2020.
9/4/20
Bálsamo para una crisis (VI): pequeña historia hacia un parque.
El cansancio se refleja en los ojos de la gente. Sus aplausos simulan que rompen la hora, las ocho, y ejercen de válvula social. Funciona. La tensión decrece. Se deshinchan los párpados y se dedican sonrisas bien ruidosas al vecino. Llegan. Una niña hace resonar un trombón en el balcón de abajo. Alguna nota se rebela, como buscando fugarse de la cárcel pentagrámica. Nadie osa perseguirla, mañana volverá. Los perros, confinados en un reducido aparte del parque, se agitan. Se desafían, casi con tristeza. Andan más nerviosos de lo habitual: la ausencia de carreras también les hace mella. Palomas y cuervos, en cambio, parecen disfrutar de su reinado. Gobiernan árboles, yerbas y fuentes. Rosales y muros. Caminos sin canes. Solo algún gato extraviado se pierde entre sus propiedades. La niña del trombón le llama, pero el gato busca los restos del inexistente almuerzo escolar. Hoy no, ni ayer...pero mañana volverá.
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