28/12/15

El Relato del 27 (de Diciembre): Frío otoño de Navidad

Dejó el corcho sobre el mantel y se sirvió una copa de vino. Con sobriedad, sin ningún tipo de ceremonias ni aparejos de cristal. Le gustaba contemplar la etiqueta mientras la botella permanecía sólidamente erguida y aún no era un verde fantasma de vidrio. No era la información, un caso como tantos otros de entintada inutilidad. Era la belleza que alguna de ellas conseguía transmitir, activando su curiosidad mucho antes de que el resto de sus sentidos fueran despertados. En los casos más extremos, el ansia aniquilaba su expectación, arrancándole interrogantes del pecho y bajando su centro de gravedad a algún lugar entre su estómago y su útero. Una ansiedad que le devoraba por dentro como un animal con garras que fisgoneara entre los resquicios de sus células. El jaguar rebelde y oculto, con un colmillo ensangrentado y el otro goteando bilis, que se alzaba victorioso frente a una curiosidad hecha jirones. Aquel 29 de noviembre había conseguido domarlo, a diferencia de lo que solía ocurrir antes de la primera visita al doctor. Quizás ahí radicaba la explicación a su todo. Ahora, era tarde para buscarla.

Abandonó la cocina sin prisa, con la triste seguridad de que nadie tocaría su copa llena. Permanecería allí, junto a la botella, esperándola para complacerla en un trío inanimado y patético. Se mezclarían sal y astringencia, agua de mar, alcohol de farmacia tabernera y aún más sal. Sería el único fluido derramado sobre el estricto luto que le envolvía. Subió las escaleras, cuyo pasamanos ya lucía engalanado de espumillón rojo y oro. Desde el pasillo superior, que se abría al salón en forma de mirador, observó el pequeño abeto de navidad. No más de un metro de árbol, bastión infranqueable donde se amotinaba el espíritu de las navidades pasadas. Podía ver de nuevo a su marido con aspecto joven, atractivo, sin aquellas malditas manchas en la piel. Respirando. Podía ver de nuevo a su hijo como el alegre niño que fue. Escuchaba aquella risa que, con el tiempo, murió asfixiada por un fango plomizo, amalgama de cenizas de padre y llanto maternal de madrugada. Resultaba irónico pensar que lo vería por última vez como una proyección de su mente, el denso espectro de un chiquillo de apenas 6 años. Cuando abra la puerta el 24 de diciembre, encontrará la casa como hace años, impoluta y en perfecto estado de revisión, sin rastro de morfina en las esquinas. El único reproche será un árbol seco que confirmará, a modo de lápida, la muerte del perverso espíritu navideño.

Entró en su dormitorio y empezó a desvestirse. Era un otoño frío, pero disfrutaba con la intensa sensación que le producían cientos de agujas imaginarias sobre sus músculos en rigidez. Se tendió sobre el edredón de tonos tostados que él había escogido. Una sonrisa se perfiló en su rostro: era el color de su perro labrador, el que le acompañó durante toda la infancia. Comenzó a calentar su cuerpo, primero con suaves abrazos, que esparcieron la sonrisa a cada uno de sus poros. Luego, sus manos temblaron sobre su piel más delicada. Tocando. Apretando. Acariciando. La escarcha que le cubría alma y cuerpo se evaporaba. Hacía aquello raramente, no por vergüenza ni creencias, sino por falta de ganas. No obstante, la ocasión lo merecía: sería su última vez, su adiós. Cuando terminó, se dio una ducha de agua caliente, se puso el vestido rojo que tanto les gustaba, y bajó las escaleras.

Disfrutó de la primera copa de vino, espaciando cada sorbo, diseccionando aromas. Al percatarse de que el mantel ya asomaba al fondo, volvió a llenarla. Esta vez, el trago fue apresurado e inquieto, casi como el del asqueroso jarabe que obligan a tomar cada ocho horas. Supo que era el momento exacto de escribir aquella carta. Antes, no habría tenido el valor. Después, estaría demasiado borracha o demasiado muerta. Y entonces, con la serenidad del reo en la víspera de horca, cogió la pluma. Con la carta esperando bajo el abeto y la botella vacía sobre la mesa, salió a la noche para desaparecer y ya nadie volvió nunca a verla.

Aquel 24 de diciembre, Miguel entró en casa de su madre. En medio de la oscuridad, la lamparilla iluminaba los pies de un árbol, que buscaban un hogar entre la arcilla. Sonrió al comprobar que, aunque no era el más bonito, por fin se había animado a ponerlo. Llamó. Llamó por segunda vez, pero la única respuesta fue un escalofrío en la luz. Se acercó a ella, respetuoso. Una botella tumbada y vacía servía de apoyo al sobre en el que, con caligrafía de las de antes, vio escrito su nombre. La luz tiritó de nuevo cuando Miguel rasgó aquel sobre y siguió estremeciéndose mientras era despojado de su contenido. Algo perplejo, el hijo leyó entonces una hermosa y sencilla carta de despedida. Y con lágrimas en los ojos, supo que aquel sería el mejor regalo de navidad de toda su vida. 

The Magpie. Monet, 1868-1869.

22/12/15

Saturday Wine Night: Intipalka 2013 Cabernet Sauvignon-Petit Verdot.

Se acerca la Navidad y comienzan a llenarse los manteles de delicias y viandas. Nos reunimos con amigos, conocidos, familiares y hasta algún que otro pelmazo fácilmente identificable como tal. Por suerte, los menos. 

No aparece ninguno de estos últimos en nuestra agradable velada cosmopolita, donde gentes de Perú, Nueva Zelanda, Francia y España nos sentamos en torno a una mesa para degustar auténtica comida peruana, que ya dejó de ser una mera tendencia para convertirse en una feliz y sabrosa realidad. En la mesa, Intipalka 2013, venido directamente en maleta propia desde los contornos de Ica: Viñas Queirolo

Es un vino poderoso en todos sus aspectos. Subido de capa, hermoso color granate. Aunque presenta un elevado grado alcohólico, éste no se revela en nariz, donde se expresan aromas potentes de fruta negra (grosella) y, algo más tímidos, aparecen notas torrefactas y de especias (pimienta). Quién diría que sólo algo menos de su mitad durmió en barrica francesa durante seis meses. En boca es cálido, con un tanino de los de "aquí estoy yo" que, sin acabar de estar pulido, robustece este vino. Una buena acidez termina por equilibrarlo.

En la mesa, una excelente causa limeña nos encandila: papa, palta, cebolla, atún, huevo, aceitunas... finura en plato. Desaparecida ésta en un abrir y cerrar de ojos, aparece un ají de pollo (no pudo ser de gallina) acompañado de arroz: aunque sustituidas las pecanas por nueces corrientes, se disfruta, nos encandila, hace que naveguemos hasta otras tierras y manan anécdotas de viajes, cordilleras y terruños lejanos.



13/12/15

Saturday Night Wine: Roy Soleil Philippe Gonet Brut

Llegan las burbujas desde Champagne para hacernos la vida más apetecible, y permitirnos fiestas de diversos disfraces, encuentros en clave de Re (por supuesto, Mayor), medio despedidas que son un hasta enero, hastaprontos que son auténticas y certeras despedidas, celebraciones del final del inicio de algo (enhorabuena Thibaut por esa Tesis Doctoral), cartas emborronadas por servir como posavasos de flautas, senos de cristal donde beberse el mundo (que muchos, aunque no tantos como hubieran querido, cambiaron por tacones de tacón alto), e incluso botaduras de barcos de nostalgia en la íntima soledad del libro leído por tercera vez.

El Roy Soleil Philippe Gonet Brut, con su extenso rosario de letras, es un Blanc de Blancs elaborado a partir de uvas de Chardonnay que fermentan en barricas de seiscientos litros, regalándole consistencia manoproteínas mediante. Aunque sin ser grosera, a la vista no me atrevería a definir su burbuja como fina finísima. De color amarillo muy pálido, presenta reflejos verdosos. En nariz surgen aromas a manzana verde y corteza de limón. Bien estructurado en boca, seco y con excelente acidez. aquí la burbuja consigue sonrojarme por lo antes escrito, toma otra dimensión, se liliputiza y refresca y se cuela y se expande por cada papila. Largo, muestra notas de cítricos y de vainilla.

En esta ocasional y momentánea separación, algunos de los miembros del grupo de catas lo disfrutamos con un exquisito bûche de Noël ded chocolate relleno de frambuesa. Aunque otros lo hicieron con quiche de salmón y queso de cabra, los menos con foie (literalmente voló), y los más con mil y un coulants au chocolat. Y ustedes, ¿con qué lo hubieran gozado?




5/12/15

Saturday Night Wine: La Clape L'Insoupçonné 2012

Entra diciembre con temperaturas algo más altas de lo que nos parece ser habitual. Hasta el 11 de diciembre se reunirán en París multitud de dirigentes internacionales en la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, más conocida como "la COP21". Si nadie lo remedia, ciudades, humanos, animales y todo lo que comprende este planeta, incluido viñedos, se va a ver afectado (tal vez engullido) por este fenómeno que, ya demostrado, parece que no tiene vuelta atrás.

Catamos un vino del sur de Francia, de esos  cálidos y sabrosos, y cuya vinificación se intuye enfocada casi obsesivamente a la extracción. Esta vez, por fortuna, de manera más que acertada, sublime. Mourvèdre y Syrah de la mano, La Clape L' Insoupçonné 2012 no resbala en la copa, sino que se desliza en ella: denso, púrpura, vistiendo capa muy alta y dibujando un ribete todavía violáceo. En nariz es muy intenso, goloso, con notas a pan tostado, cacao y fruta muy negra. Explota en boca, complejo,con un leve recuerdo mentolado, tanino muy pulido, sedoso pero enérgico, y largo, largo...largo.

Excelente maridado con un cochinillo al horno a la segoviana, de esos que casi se derriten y que, si nos descuidamos, no tendremos tiempo de masticar.

Sugiero a los productores de regiones más al norte, y también a los de zonas atlánticas, que tomen muy buena nota. Por lo que pueda llegar.


29/11/15

Saturday Night Wine: La Rectorie Côté Mer 2013

Un año más, un año menos, como decía la canción de Vetusta Morla. Es tiempo de celebrar con amigos este lindo año, y nos inventamos la fiesta del Riskosour, entremezclando las bondades del auténtico pisco peruano (bendito diablo de los Andes) con los dados, las estrategias, la persecución del ejército amarillo o la conquista de la mítica Kamchatka. Entre medias, auténtica paella valenciana modo guerrilla (cierren los ojos los puristas: en sartén ancha y sin "bachoqueta", pero con garrofón) y unos cuantos vinos. Entre ellos, La Rectorie Côté de Mer 2013.

Vino procedente de la fronteriza zona de Collioure (en concreto, Banyuls-sur-Mer), se elabora a partir de uvas de Grenache, Cournoise, Carignan y Syrah. De bonito color rubí brillante, aparecen notas intensas de fruta roja en nariz. En boca destaca la acidez, que le dan frescura, y surgen toques de grafito y minerales que acompañan a la grosella roja. Aunque descansa 12 meses en barrica, la influencia de esta es muy leve, respetando el aspecto varietal sin apenas interferencias aromáticas. El tanino se presenta vivo pero sin agresividad, y su grado alcohólico no consigue robarle nada de su fineza y elegancia. 

Aconsejaría este vino acompañando un buen pescado con cierto contenido graso, como por ejemplo, un emperador que, a la parrilla, sostendrá perfectamente este  tinto sin ser devorado por él.

27/11/15

El Relato del 27: Bella Ciao

Con el paso firme y la mirada fija en lo que quedaba del campanario. Ningún gesto, ningún movimiento superfluo. Así cruzó la enlutada figura frente a él. Pausadamente, cogió su sombrero y lo alzó apenas unos centímetros:

-Buenos días, señorita. Un hermoso día, ¿no es cierto?
Martina no se detuvo, ni siquiera redujo el paso.

-¿Desde cuándo no son rojas las flores en esta ciudad?- insistió él.
Aquellos pies descalzos quedaron clavados. Estática durante unos segundos interminables, Martina acabó por girarse, la mirada más altiva si cabe. Fijándola en los ojos del hombre, escupió al polvo de un camino repleto de hormigas que, de manera marcial, desfilaban en tiempos de guerra. Mantuvo su mirada, volvió a escupir sobre uno de los minúsculos batallones y, sin decir una sola palabra, siguió su camino.

-Zorra orgullosa...algún día será mía- pensó sin dejar de mirar la oscura cadencia de Martina alejándose. 

-No deberías haber hecho eso. Al menos, no dos veces- le recriminó el padre Guillermo. A pesar de la cobarde ambigüedad pontificia, el clérigo quedaba fuera de cualquier sospecha de colaboracionismo. Martina, finalmente, bajó los ojos. Sabía que el padre tenía razón. Desde que Italia entró en liza, aquel hombre había sabido ganarse a los alemanes. Primero fueron pequeños favores; detalles nada comprometedores para un país que, si bien pertenecía al Eje, siempre mostró recelo frente a la arrogancia del Reich: unas imposibles botellas de barolo, cestos de queso, la inocente traducción de documentos oficiales...Les siguieron los relatos de la historia de cada familia, la entrega de algún cotizado chisme o la de ajados mapas geológicos del valle. La única voz que protestó fue la del maestro Mangiaterra, quien pareció suicidarse en la laguna a las pocas semanas. Después comenzaron a desaparecer libros de familia de la parroquia, albaranes e instrumental de la clínica. Fue cuando empezaron sus paseos nocturnos y abandonó su pequeño local de cerrajería.

A partir de entonces, murmullos privados: era el único en Borgonero que tenía para fumar, el único con todos los dientes (dos de auténtico oro aparecieron en su boca el mismo último día que se vio a Gennaro Fumagalli), el único con agua de colonia y puños blancos. Muchas fueron las madrugadas que Zappa se lo encontró en mangas de camisa, oliendo a cognac del caro y con pálidas mujeres de indudable origen y ocupación.

-Padre...tengo miedo. Mucho- susurró Martina, apretando con fuerza la mano del anciano. 
Sophia Loren en "La ciociara" de Vittorio De Sica, (1960)


21/11/15

Saturday Night Wine: Coeur de Roche 2010

Con la intención de devolver vida a los muebles de la abuela de mamá, Chic & Bohème es una especie de cueva de Alí Babá en Montpellier con ciertas reminiscencias hipsters. Encontraremos grandes muebles antiguos, pequeños objetos kitsch, postales de los años 80, de los 70 y también mucho mucho más antiguas. Sillas de barbero (quiero pensar que de barbero...), delicados cacharros de cocina que tentarían a entrar un ejército de patosos elefantes, algo de polvo, hermosas cartas navideñas, bolsas de papel rellenas de anónimas sorpresas, óxido con encanto, jaulas vetustas para pájaros melancólicos, lindas joyas de rústico metal, ...todo se ordena en exquisita amalgama, junto a botellas de excelente vino, quesos refinados, mermeladas de pura fresa y otras delicatessen. Y todo ello envuelve a una tercera función: la de, por lo que cuentan, magnífico restaurante.

Siendo más que un lugar físico, acudo a esta atmósfera con un amigo, quedando ausente un tercero por fatiga semanal. Se ha organizado una cata con vinos del Château Moulin Caresse, cuyos propietarios, parece ser, son familia de los responsables del coqueto local. Situada en la Appellation d'Origine Controlée Montravel, perteneciente a la zona de Bergerac, Bodega familiar que, desde el siglo XVIII viene elaborando vinos de calidad. 

Catamos dos blancos, tres tintos y un dulce ligero. De entre todos ellos, destaca el Coeur de Roche 2010, el vino emblema y de alta gama de esta bodega. Aunque les sugiero no perderse tampoco un blanco de, principalmente, Sauvignon gris, del que surgen unas increíbles fragancias mentoladas.

A partir de uva de Cabernet franc, Cabernet sauvignon, Malbec y Merlot fermentada directamente en barricas, cuyo espíritu envuelve sus exquisitos aromas a fruta, se trata de un vino con mucha capa, de color granate con ribetes (¡todavía!) violáceos. Intenso en nariz, desarrolla aromas de regaliz y trufa. Su ataque en boca es equilibrado, con una no excesiva (ni tampoco extrañada) acidez y mucha carnosidad. En el paladar se liberan, junto a las anteriormente mencionadas, notas de tabaco, fruta negra y sotobosque. Perdura largo tiempo en boca, y, cuando se va apagando, te pide dar otro profundo y pausado trago a la copa.

Su presentación es fina, con una sencilla pero estilosa etiqueta. No es necesario más en estos casos. Lo degustamos con una amplia variedad de quesos franceses, pan tostado y charcutería. Un vino de esos que invitan muchas veces a ser degustados sin nada más que copa y amigos, pero que acompañaría perfectamente un buen ternasco aragonés, crujiente por fuera y tierno en su interior. Por supuesto, siempre en buena compañía. Gracias Etienne por esta propuesta de cata.